Luces, música, pulque y poesía

 

 

Fue un jueves, comúnmente las reuniones o fiestas se hacen ese día, los organizadores varían dependiendo del evento, lo encontré en Facebook, red social por la cual se suelen difundir estas reuniones, los cuales llevan por nombre frases con un dejo de sarcasmo, que van de acuerdo al tema a tratarse en los poemas o bien que tienen guiños al vaporwave.

El Vaporwave, es un género músical que se volvió subcultura que ha sido impulsada en internet y que ha ido popularizando en los últimos años en páginas de memes, pero que originalmente nació en Tumblr, con el fin subversivo de parodiar el consumo del capitalismo exacerbado, al principio con música a la cual se le sumaron más tarde gráficos, literaturay como en este caso, poesía.

El evento citaba a los interesados en la Pulquería Insurgentes, a solo unas cuadras del Metrobus Álvaro Obregón, a las 8 pm, para no perderme nada de lo que pudiera ocurrir llegué puntual, entré a la pulquería, todo parecía normal, una que otra pareja tomando pulque aquí y allá, pero fue hasta que le pregunté al mesero supe que el evento no empezaría hasta las 9 y que sería en el tercer piso así que me dirigí allá, habían unas cuantas personas en sus veintes afinando los último detalles, las luces; el sonido; los micrófonos y la mesa de tatuajes que se acomodaba a mi lado derecho.

Me senté en una barra empotrada a una pared de ladrillos, a mi lado se encontraban todos chicas y un chico que hablaban sobre diferentes lugares que han visitado en la ciudad. Los bancos son altos, de aluminio, con colchones verdiazules, mis piernas no alcanzan ni por error el piso, se alcanza a ver en él la sombra de la lámpara destinada a alumbrar el hombro de una muchacha que está por ser tatuada. Es la única luz Amarilla de la sala, el resto son verdes, azules, rosas, violetas, rojas e intermitentes, de vez en vez un láser verde dibuja figuras en el techo.

En el escenario no hay más que una consola, minilaptop Hp roja y un micrófono. Los organizadores van y vienen sobre el piso de madera, invitando a los, entonces, pocos asistentes al micrófono abierto, o sea, que pasen a leer sus poesías. Frente al escenario hay una casa de campaña, grande, tal vez para cuatro personas aunque entrarían más, decorada como un árbol de navidad con luces led parpadeantes de diferentes colores.

Un chico iba y venía libreta en mano repasando el poema que dirá, lentes de pasta, pantalones embarrados y cabello despeinado, se parece a los demás asistentes, aquí todos usan lentes de pasta o de armazón de metal estilo vintage, de hecho la mayoría de sus vestuarios me hacen preguntarme si solo es su estilo o si de verdad es antigua.

Todos parecen conocerse conforme van llegando se saludan como amigos, espero que todo empiece y al poco tiempo el maestro de ceremonias pide que el primero en la lista se acerque al micrófono para abrir la noche, el primer chico pasa , es aquel que daba vueltas para aprenderse su poema que recita en inglés y luego de él pasan tres chicos y realizan un pequeño performance de preguntas aleatorias que después entre ellos responden. Los poemas sonaron, uno a uno y a los primeros en hacerse partícipes de aquella lectura les entregan un libro de poemas de diferentes autores de latinoamérica editado por Niños Down, la editorial de los organizadores.

Al acabar el micro abierto, empieza un performance, brillantina, confeti y cinta desgarrada de cassette comenzaron a ser enredados en todos los asistentes, jalaron una mesa al centro, trajeron muchísimas cebollas que un chico conocido como Genkidama Ñu empieza a cortar, el vapor que sueltan empieza a entrar en nuestros ojos y hacernos lagrimear, chicas vestidas de colores metálico, que combinadas con las luces parecen emular los colores de la galaxia.

El performance sigue y una de las chicas que caminan y giran por todo el lugar lanzando confeti y brillantina llora, o simula hacerlo, pide abrazos aleatorios y pregunta sobre la tristeza, da razones para no estar tristes en ese momento sobre estarlo y sigue girando. Sobre la mesa las cebollas picadas pasan a segundo término, ahora hay una máquina de escribir sobre la cual el mismo chico teclea y entran y salen hojas limpias, al parecer no tiene cinta.

Una chica en brasier muy delgada fingía su sonrisa o la exacerbada mientras giraba aquí y allá, espolvorean diamantina sobre un recipiente redonde de plástico con dinosaurios de colores del mismo material que luego de un rato empiezan a repartir entre los asistentes mientras que a la mesa de las cebollas acercaron una paleta de acuarelas mientras que en las hojas que habían pasado por la máquina de escribir algunos de los asistentes pintaban.

La gente comenzó a bailar, el vaporwave para ese entonces sonaba a todo lo que que da, todo se convirtió en una fiesta, el maestro de ceremonias decía de vez en vez un poema y gritaban y bailaban y entraban en la casa de campaña y acabó el performance como tal, ahora era una gran fiesta que siguió hasta unas horas después de las 12, para entonces el piso estaba repleto.

Estas reuniones nacen con los slams de poesía y buscan acercar este género literario a diferente tipos de personas, restan su poesía con un ritmo específico, como cantadito, no suelen apegarse estrictamente apegados a las líricas y métricas poéticas, además de hablar sobre la tecnología, el amor, la soledad, la violencia o la religión. En la fiesta habían personas de todas las carreras, desde economistas, hasta cineastas pasando por estudiantes de letras y de física, algunos suelen criticar este movimiento pero yo creo que cumple su finalidad y que puede ser interesante para las personas poco familiarizada con la poesía, yo recomendaría que no se cerrarán a la posibilidad de escribir y compartir algo que tenga que decir.

 

Texto y fotografía por: Mariana Saldaña Rodríguez

 

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